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Lo nuevo del barman

Isabel Polo - Paolo Amancio

En aquellos días de distracción contábamos con la compañía de un fiel servidor, una persona que se ahorraba las críticas y comentarios, te recibía con una bebida personalizada que animaría tu noche, y la felicidad tomaría su postura, nos referimos al barman.


La tortura empezó desde el 16 de marzo del 2020, cuando el Ex Presidente Martín Vizcarra anunció el primer caso confirmado de coronavirus presente en Perú. Desde entonces todo cambió, debíamos acostumbrarnos a las nuevas normativas que se generaban cada mes.


Durante el mes de mayo, en plena cuarentena, 1.2 millones de personas en la capital del Perú vivieron un declive laboral. El 15 agosto se conoció que el porcentaje aumentó a 6 millones de pobladores, y hasta el momento cuatro de cada diez peruanos no tienen empleo, entre ellos nuestros amigos dedicados a la preparación de tragos.


Ahora ¿Cómo se encuentran nuestros jóvenes trabajadores?, aquellos que animaban refrescantemente los eventos ya sean públicos o privados, colaboradores sin horario establecido y dispuestos a ayudarte con el estrés diario.


Tragos amargos


Tres jóvenes bármanes: Vivar, Peña y Bances, trabajaban libremente preparando tragos personalizados a clientes de diversas personalidades, se caracterizaban por brindar confiabilidad en su servicio y compartir dialogo con su comprador, sin imaginar que todo llegaría a cambiar.


Para marzo, los problemas sanitarios a nivel mundial los obligaron a abandonar sus empleos, y la idea de cambiar de rubro paso por sus cabezas. Sin embargo, un barman de 24, 19 y 17 años no tiene una gran facilidad de encontrar un trabajo, pero sí de adecuarse a la nueva normalidad y acatar las normas sanitarias que impuso el estado.


A finales del mes de julio pudieron reincorporarse a sus respectivos trabajos. Por lo que, con el toque de queda aún impuesto supieron acomodarse a sus nuevos horarios y al ajuste de sueldos debido a la poca clientela que recibían.


La vuelta del brindis


Una mañana del 23 de Julio, el restaurante criollo “La trastienda” ubicado en el distrito de Barranco, reabrió sus puertas, y con esto, sus colaboradores regresaron a trabajar. Los jóvenes debían adecuarse a los recientes protocolos establecidos para los lugares públicos, como el atender con la distancia marcada y la desinfección respectiva.


A pesar del recorte en el presupuesto, tuvieron que acoplarse a la baja cantidad de ingredientes que recibían a diferencia de inicio de año. Sus proveedores iban aumentando a medida que los meses transcurrían, algunos habían dejado su puesto de trabajo y decidieron reinventarse, mientras que otros regresaban a buscar sus patrocinadores.


En septiembre los precios en las bebidas alcanzaron a rondar los 30 a 50 soles por trago, pero por la baja en la clientela se vieron en la obligación de disminuir su costo, alcanzando los 15 soles en los productos más baratos. De la misma forma se observó el cambio en su vestimenta, utilizando ahora guantes, mascarilla, protector facial, entre otros, haciendo de su labor más difícil.


Su trato con los clientes cambió, tuvieron que tomar distancia y hacer los pedidos en menor tiempo posible, manteniendo así los cuidados necesarios para tratar de salir ilesos de esta pandemia.




 
 

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